Zurbarán conquista el atlántico: un tesoro barroco viaja a londres, parís y chicago

El genio silencioso de Francisco de Zurbarán, un pintor que capturó la mística y la quietud con una maestría inigualable, se lanza a una ambiciosa gira internacional. Después de siglos de dispersión, sus obras maestras, dispersas por museos y colecciones privadas, se reencuentran para una exposición que promete revolucionar nuestra comprensión del Barroco español.

Un viaje épico a través del tiempo y el espacio

Un viaje épico a través del tiempo y el espacio

Organizada por la National Gallery de Londres, el Louvre de París y el Art Institute de Chicago, la muestra, que se inaugura el 2 de mayo en Londres, reunirá 50 cuadros del artista extremeño. Quince de ellos provienen del Museo del Prado, el Museo Nacional de Arte de Cataluña y el de Bellas Artes de Bilbao, sumándose a piezas provenientes de Valladolid, Sevilla y la Colección Abelló, entre otras. La meticulosa búsqueda de las obras implicó visitas a ciudades como Sevilla y Cádiz, rastreando las ubicaciones originales de sus encargos, una labor de arqueología del arte que revela la magnitud de su legado.

Pero la historia de Zurbarán es también una historia de desamortizaciones y expolios. Tras la desamortización de Mendizábal, en 1836, el impresionante retablo mayor de la Cartuja de Nuestra Señora de la Defensión en Jerez de la Frontera fue desmembrado, dispersando sus pinturas por todo el mundo. Hoy, cuatro de esas obras se exhiben en Grenoble y el Metropolitan de Nueva York, mientras que un ejemplar viajó desde Polonia, donde el Museo Nacional de Poznan atesora la mayor colección de pintura española fuera de España.

Lo que nadie cuenta es que, si bien en su época se le conocía como “el pintor de los frailes”, los expertos contemporáneos han redefinido su figura, calificándolo como “el pintor de lo indescriptible”. Zurbarán supo plasmar en lienzo el silencio, la luz y la intensidad mística de sus temas, utilizando colores vibrantes en los ricos vestuarios de sus santas. Es esta capacidad de evocar lo intangible lo que hace de su obra una experiencia profundamente conmovedora.

La exposición no solo presenta retablos completos, sino también piezas individuales de gran valor, como la Virgen del Rosario con dos cartujos, proveniente de Polonia, o la Familia de la Virgen, prestada por la Colección Abelló. Desde California hasta Budapest, pasando por Ohio y París, instituciones y colecciones privadas han colaborado para hacer posible este encuentro excepcional.

Lamentablemente, a pesar de los esfuerzos de los comisarios, algunas obras clave, como las pinturas originales de la Cartuja de Jerez, no pudieron ser trasladadas debido a su delicado estado de conservación. Un recordatorio de la fragilidad del patrimonio artístico y la necesidad de protegerlo.

La exposición, que se extenderá hasta 2027, es una oportunidad única para redescubrir a un maestro olvidado y apreciar la riqueza y la profundidad de su legado. El Barroco español, a través de los ojos de Zurbarán, se revela en toda su majestuosidad, un testimonio de la fe, la devoción y la maestría artística de una época dorada.