Testimonios explosivos: exmilitares admiten participación en la masacre de la resbalosa

La segunda audiencia de comparecencia en la investigación sobre la masacre de La Resbalosa, en San José de Apartadó, ha desatado una ola de revelaciones impactantes. Exuniformados del Ejército Nacional han admitido su implicación directa en una alianza con las AUC, desvelando detalles macabros sobre los eventos que culminaron en la muerte de ocho personas, incluyendo cuatro menores de edad.

Un pacto sangriento: la verdad oculta en la zona de conflicto

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El magistrado Pedro Díaz Romero presidió la sesión, insistiendo en que el objetivo no era simplemente repetir lo ya conocido, sino avanzar hacia una verdad plena, que permitiera un reconocimiento y una reparación justos para las víctimas. La presión fue palpable, y los testimonios, aunque dolorosos, fueron contundentes.

Jorge Humberto Milanés Vega, un subteniente que solicitó su retiro tras la tragedia, describió la situación como “escabrosa”, incapaz de comprender cómo pudo llegar a suceder. Su relato, cargado de incredulidad y dolor, pintó un cuadro alarmante de la colaboración entre las fuerzas armadas y los paramilitares en la región. “Me retire, porque no quería volver a estar en estas circunstancias,” declaró con voz quebrada, evocando la imagen de sus propios hijos y la imposibilidad de justificar los hechos.

Milanés reveló que su superior inmediato solo ofreció una justificación banal: “una embarrada” para la muerte de los menores. Posteriormente, se encontraron en una vivienda con miembros de las AUC, en una atmósfera que él calificó como “larga, incómoda, diferente”. La verdad, al parecer, se reveló en una noche sombría, en un ambiente que “hoy conocemos por qué fue diferente”, revelando la naturaleza de la complicidad militar.

Alejandro Jaramillo Giraldo, otro exuniformado, describió cómo la cercanía entre el Ejército y las AUC llegó a un punto crítico: “había soldados que dejaban de ser soldados para ser paramilitares”. Este testimonio, sumado al de Milanés, revela una estructura de poder paralela y profundamente arraigada en la zona.

Jaramillo relató una anécdota particularmente inquietante: “El comentario de los soldados de mi compañía de instrucción y de otros comandantes era que se había celebrado una fiesta del Día de la Madre en ‘El Club’, entre comillas, del batallón Vélez. Puedo aclarar que ese ‘Club’ del batallón Vélez hacía referencia a una finca tipo balneario, ubicada a unos 20 minutos del batallón, en San Pedro de Urabá. En dicha finca, en los años posteriores, muere el señor Carlos Castaño.” La presencia de Castaño en esa finca, y la celebración de una fiesta familiar, testifican la normalización de la relación entre las fuerzas armadas y los grupos paramilitares.

Los comparecientes admitieron que las unidades locales tenían vínculos directos con las AUC, hasta el punto de que “había soldados que dejaban de ser soldados para ser paramilitares”. Además, se reveló que el financiamiento de las AUC provenía de ganaderos locales, con un exsuboficial mencionando haber permanecido más de dos meses cuidando a un hombre conocido en la región, bajo la orden del comandante del batallón Vélez. Esta situación, que implicaba la “seguridad” de un ganadero, desvió recursos y atención de las operaciones militares legítimas.

La revelación más impactante, sin embargo, proviene de Jaramillo Giraldo, quien afirmó haber sido convencido de que las comunidades atacadas eran, en realidad, guerrilleros que suministraban información a las Farc. “Desde ese momento, yo me hice una idea en mi mente de que mi enemigo estaba en ese sector”. Esta manipulación informativa, utilizada para justificar la violencia indiscriminada, pone de manifiesto la magnitud de la desinformación que operó en la región.

La masacre de La Resbalosa, con la pérdida de cuatro menores, incluyendo un bebé de 18 meses, representa una herida abierta en la memoria de Colombia. Los testimonios de estos exmilitares, aunque tardíos y dolorosos, son un paso crucial hacia la búsqueda de justicia y la reparación de las víctimas. La verdad, al fin, comienza a emerger de la oscuridad, pero el camino hacia la reconciliación será largo y arduo. La cifra de vidas perdidas es una sombra imborrable que exige respuestas y, sobre todo, un compromiso inquebrantable con la memoria.”