Selfies en medio de un ataque: el precio de la libertad en el golfo
Un dron iraní impacta en un complejo residencial en Emiratos Árabes Unidos. La reacción instintiva de los residentes: sacar el móvil, tomarse un selfie y enviárselo a sus seres queridos para tranquilizarlos. Un gesto inocente que, en este contexto geopolítico, puede costar la libertad.
La ley de ciberdelitos: un arma de doble filo
Radha Stirling, directora ejecutiva de Detained in Dubai, ha asistido legalmente a numerosos casos similares. La ley de ciberdelitos de EAU, aparentemente diseñada para proteger la seguridad pública, se ha convertido en una herramienta para silenciar cualquier voz crítica o que simplemente documente la realidad. Grabar, reenviar o comentar contenido relacionado con ataques, incluso desde la comodidad de tu hogar, puede acarrear multas de hasta 54.000 dólares y penas de prisión de hasta dos años.
Las cifras son alarmantes: según Stirling, ya son “cientos” los arrestados, incluyendo residentes de larga duración y turistas que, sin mala intención, cometieron un error. Un empleado de una aerolínea británica, por ejemplo, fue detenido al compartir una foto del aeropuerto de Dubái con sus compañeros de trabajo, simplemente para asegurarse de que era seguro transitar por la zona. La banalidad de la situación contrasta con la severidad de las consecuencias.

El caso al mousawi: tortura y desaparición forzada
Pero la represión no se limita a EAU. En Baréin, la situación es aún más dramática. El caso de Mohamed Al Mousawi, de 32 años, es un escalofriante testimonio de la brutalidad del régimen. Su padre recibió una llamada del Ministerio del Interior bareiní informándole de la muerte de su hijo, quien presentaba evidentes signos de tortura. Al Mousawi y sus dos primos fueron detenidos por publicar opiniones personales en redes sociales, acusados de espiar para Irán. Un pretexto, según el Centro del Golfo para los Derechos Humanos (GCHR), para silenciar a un disidente.
El director consultor del Instituto de Baréin para los Derechos y Democracia (BIRD), Sayed Ahmed Alwadaei, denuncia una “represión implacable contra la ciudadanía”, con más de 230 detenidos, incluyendo mujeres y menores. La muerte de Al Mousawi, tras nueve días de desaparición forzada, es una prueba irrefutable de los niveles de represión.
Un patrón regional: catar y arabia saudí bajo la lupa
Catar no se queda atrás, con 313 personas detenidas desde marzo por “grabar y distribuir vídeos, difundir información engañosa y rumores”. Arabia Saudí, aunque carece de datos oficiales, sigue la misma tendencia, mientras que en Kuwait las fuerzas de seguridad han allanado decenas de casas y arrestado a ciudadanos bajo sospechas de simpatizar con estados extranjeros.
Joey Shea, investigadora de Human Rights Watch para Arabia Saudí y EAU, insta a los medios a poner el foco en el historial de derechos humanos de estos países del Golfo Pérsico, un legado documentado durante más de una década. La libertad de expresión, asociación y reunión se ven sistemáticamente amenazadas, y la narrativa oficial prioriza la imagen de prosperidad y estabilidad por encima de la transparencia y la rendición de cuentas.
Lo que nadie cuenta es que detrás de los rascacielos y las promesas de modernidad se esconde una realidad de control y represión que afecta a miles de personas. La próxima vez que veas una foto de un turista sonriendo en Dubái, recuerda que esa sonrisa podría ser una fachada.