Sánchez desafía encuestas: ¿el psicólogo puede desbaratar el pulso electoral?

La política peruana acaba de recibir un vuelco inesperado. Roberto Sánchez, el psicólogo y congresista, irrumpe con fuerza en la contienda presidencial de 2026, desafiando las encuestas y redefiniendo el panorama electoral. Su ascenso meteórico, que lo ha catapultado a la quinta posición en intención de voto en menos de un mes, ha desconcertado a los analistas y generado un debate sobre la renovabilidad de la clase política peruana.

De la gestión pública al escenario electoral

Sánchez, con una trayectoria que abarca desde la gerencia en municipalidades hasta el cargo de ministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno de Pedro Castillo, se presenta como una alternativa a la polarización que ha marcado la política peruana en los últimos años. Su programa, centrado en el fortalecimiento de la educación pública y la democratización de derechos, ha resonado en un electorado cansado de promesas incumplidas.

Los últimos datos de Ipsos, publicados el 4 de abril, revelan un crecimiento impresionante en su respaldo electoral: de un 3,2% a un 9% en votos válidos. Un salto que lo sitúa por encima de figuras consolidadas como Alfonso López Chau y César Acuña. Pero este avance no es un fenómeno aislado; se consolida tras su participación en el debate presidencial, donde su discurso pragmático y su enfoque en soluciones concretas captaron la atención del público.

Keiko Fujimori, con un 18,6% de votos válidos, lidera la contienda, seguida de Carlos Álvarez y Rafael López Aliaga, pero el crecimiento de Sánchez –el más significativo entre los candidatos de izquierda según Ipsos– lo convierte en un factor a considerar en la recta final de la campaña. A ocho días de la elección, la volatilidad del electorado peruano es palpable, y la figura de Sánchez se erige como un símbolo de esa incertidumbre y, quizás, de una nueva esperanza.

Cuestionamientos en la sombra: ¿un ascenso demasiado rápido?

Cuestionamientos en la sombra: ¿un ascenso demasiado rápido?

Sin embargo, el camino de Sánchez no está exento de obstáculos. Su gestión como ministro de Comercio Exterior y Turismo estuvo marcada por cuestionamientos relacionados con el uso de la caja chica del ministerio para gastos personales, incluyendo consumos en restaurantes y servicios de lavandería, registrados como reuniones de trabajo. Además, se le atribuye la contratación de allegados partidarios mediante el Fondo de Apoyo Gerencial, con salarios elevados y sin concursos públicos. La Fiscalía mantiene investigaciones abiertas por presuntos recortes de sueldos a trabajadores del ministerio, lo que podría configurarse como delitos de peculado y administración fraudulenta.

Las acusaciones de antiguos dirigentes de Juntos por el Perú, quienes lo acusan de manipular procedimientos internos para consolidar su liderazgo, añaden una capa de complejidad a su imagen pública. Yehude Simon, fundador de la agrupación, ha cuestionado abiertamente su ética y forma de conducción partidaria. Sánchez prefiere evitar referirse directamente a estas denuncias, pero la sombra de la controversia planea sobre su campaña.

El futuro en juego: Educación, ciencia y una nueva forma de hacer política

A pesar de los cuestionamientos, Sánchez se aferra a su programa, que prioriza la educación pública, la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y un centro nacional de planeamiento y evaluación de impacto para sustentar las decisiones estatales. Su propuesta de reconocer formalmente a los trabajadores informales y a los microempresarios, junto con el compromiso de fortalecer los beneficios para agricultores y pescadores artesanales, busca conectar con las necesidades de la población.

El escenario electoral peruano se presenta como un campo de batalla incierto, donde la polarización, la volatilidad y la búsqueda de alternativas marcarán el rumbo de la contienda. La capacidad de Sánchez para responder a las críticas, capitalizar su impulso ascendente y ofrecer una visión clara del futuro determinará si puede consolidarse como una fuerza real en la política peruana o si su ascenso será efímero. La cifra habla por sí sola: en menos de un mes, ha multiplicado por tres su intención de voto. El juego ha cambiado, y Roberto Sánchez se ha convertido en el jugador a seguir.