Ormuz al borde: ee.uu. eleva la apuesta en un tablero energético volátil

La tensión en el Estrecho de Ormuz ha alcanzado niveles críticos, desencadenando una escalada de precios energéticos y una profunda incertidumbre para la economía global. Estados Unidos, ante el bloqueo iraní y la persistencia de la guerra, ha anunciado una ampliación masiva de su programa de reaseguro marítimo, inyectando hasta 40.000 millones de dólares en un intento desesperado por reactivar el flujo de petróleo y gas.

Un seguro a gran escala: ¿suficiente para calmar los ánimos?

La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC), tras un programa inicial de 20.000 millones de dólares, ha convocado a un consorcio de aseguradoras líderes –Chubb, Travelers, Liberty Mutual, Berkshire Hathaway, AIG, Starr y CNA– para aportar los 20.000 millones restantes. La cifra, impactante, revela la magnitud del desafío que enfrenta Washington: garantizar la seguridad de la navegación en una zona donde las amenazas de Irán, a través de drones, misiles y minas, son palpables. Lo que nadie cuenta es la desesperación detrás de esta movilización financiera: el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas natural licuado mundial, ha provocado una sacudida energética sin precedentes.

El presidente Trump, en un mensaje a través de las redes sociales, ha expresado su frustración y ha prometido, con su habitual estilo, una solución rápida y lucrativa. “Con un poco más de tiempo, podemos abrir fácilmente el estrecho de Ormuz, extraer el petróleo y hacernos ricos”, escribió, sin ofrecer detalles concretos sobre cómo planea lograrlo. Pero hay un detalle que preocupa: la promesa de reaseguro, por sustancial que sea, no incluye escoltas navales, un elemento crucial para disuadir a Irán y proteger a las tripulaciones de los buques.

La desconfianza persiste: ¿arriesgar vidas por un seguro?

La desconfianza persiste: ¿arriesgar vidas por un seguro?

A pesar de la inyección de capital y las declaraciones optimistas de Washington, las navieras se muestran cautelosas. Bob McNally, de Rapidan Energy Group, lo ha dejado claro: “Las primas de los seguros bajarán —y la disposición de los operadores comerciales a asegurar y enviar cargamentos a través del estrecho aumentará— solo después de que se debiliten las capacidades militares de Irán”. La vida de las tripulaciones sigue siendo la principal preocupación, y las amenazas iraníes son demasiado concretas para ser ignoradas. La escasez de suministro ha disparado los precios del petróleo, afectando especialmente a países como India, el tercer mayor consumidor de petróleo del mundo, y golpeando el bolsillo de los consumidores estadounidenses, que ya enfrentan una difícil situación económica.

La cifra habla por sí sola: el precio de la gasolina en Estados Unidos ha superado los 4 dólares por galón por primera vez desde 2022, un indicador claro de la presión que ejerce la crisis energética en la economía estadounidense.

En definitiva, la apuesta de Estados Unidos por el reaseguro es un parche, una medida paliativa que busca contener una crisis de proporciones globales. La verdadera solución pasa por una desescalada de la tensión en la región y la disuasión efectiva de las acciones hostiles de Irán, un escenario que, a día de hoy, parece lejano.