Lucescu, en cuidados intensivos tras un infarto: ¿fin de ciclo?

Mircea Lucescu, la leyenda del banquillo rumano, lucha por su vida en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Universitario de Bucarest. El exseleccionador, que apenas el pasado jueves anunciaba su dimisión por problemas de salud, ha sufrido un infarto que ha complicado significativamente su estado, poniendo en entredicho su futuro en el fútbol.

Un historial cardíaco agravado

Un historial cardíaco agravado

El deterioro del técnico de 80 años se aceleró dramáticamente durante la pasada noche, obligando a los médicos a trasladarlo a la UCI tras una respuesta deficiente al tratamiento. El origen de la crisis se remonta al domingo pasado, cuando Lucescu fue internado por problemas cardíacos tras sentirse indispuesto en un entrenamiento con la selección rumana, que precisamente una semana antes había perdido ante Turquía (1-0) en la repesca para el Mundial 2026. La derrota, según fuentes cercanas al entrenador, le afectó profundamente, exacerbando un estado de ánimo ya delicado.

Tras la primera intervención, en la que se le implantó un desfibrilador cardíaco mediante una técnica mínimamente invasiva, parecía que la situación se estabilizaba. Sin embargo, la reaparición de arritmias severas y el posterior infarto han truncado esa esperanza. La Federación Rumana de Fútbol (FRF) ya ha anunciado el inicio del proceso para encontrar un sucesor, aunque su deseo es que Lucescu pueda regresar a la organización en el futuro.

La sombra de Hagi planea sobre el banquillo: Los rumores, alimentados por la prensa local, dan como favorito para ocupar el cargo a Gheorge Hagi, exjugador del Real Madrid y FC Barcelona, un ídolo para la afición rumana. Su experiencia y conocimientos tácticos podrían representar una solución inmediata para la selección, que busca recuperar la competitividad perdida.

Lo que nadie cuenta es el impacto emocional que este revés supone para el fútbol rumano. Lucescu, con su dilatada trayectoria y su capacidad para sacar lo mejor de sus jugadores, se había convertido en un símbolo de esperanza para una afición que anhela volver a vivir momentos de gloria. Ahora, mientras Lucescu lucha por su salud, el futuro de la selección se presenta incierto, marcado por la fragilidad de un gigante y la búsqueda de un nuevo líder.

La cifra habla por sí sola: 80 años y una carrera repleta de éxitos que ahora se ve amenazada por una enfermedad implacable. El fútbol rumano espera noticias, pero la prioridad es la salud de uno de sus mayores referentes.