La habana se mueve en triciclos eléctricos: la crisis energética redefine la movilidad
La Habana, una ciudad otrora vibrante con el rugido de los clásicos automóviles descapotables, ahora exhibe un panorama inusual: hordas de triciclos eléctricos, improvisados y creativos, se han convertido en la principal forma de transporte ante una crisis energética sin precedentes. Los turistas han desaparecido, los restaurantes languidecen y las gasolineras permanecen cerradas, dejando a la población en una situación de emergencia.
El precio de la supervivencia: ¿transporte asequible o explotación?
Liset de la Caridad, residente de La Habana, ilustra la paradoja de esta nueva realidad. Si bien los triciclos eléctricos ofrecen una alternativa vital, su precio fluctúa de manera alarmante, llegando a costar 1.000 pesos diarios (aproximadamente dos dólares) para quienes viven lejos del centro de la capital. Un salario mínimo mensual que apenas supera los 2.100 CUP (17,5 dólares) y pensiones que rondan los 3.056 CUP (25,4 dólares) hacen que este gasto sea una carga insostenible para muchos.
Alberto Duani, un exalbañil que ahora se gana la vida como chofer de triciclo eléctrico, lo resume así: “Antes construía, ahora doy un servicio a la gente en medio de este problema”. La escasez de empleo ha empujado a muchos a buscar alternativas precarias, transformando un simple medio de transporte en una fuente de ingresos vital, aunque con condiciones laborales inciertas.

Mujeres al volante: una nueva oportunidad laboral
Entre los conductores de estos vehículos, destaca la creciente presencia de mujeres jóvenes como Yamiselis Alfonso. Ella recorre una ruta de casi diez kilómetros, desde el Parque de la Fraternidad hasta Toyo, trabajando durante unas doce horas diarias, dependiendo del flujo de pasajeros. Su testimonio revela una realidad compleja: la necesidad de generar ingresos en un contexto de escasez, combinada con largas jornadas laborales y la incertidumbre económica.
El gobierno cubano, anticipando un “desabastecimiento agudo de combustible”, ya había reducido drásticamente la frecuencia de los autobuses interprovinciales y suspendido gran parte del transporte local. El ministro de transporte, Eduardo Rodríguez, ha llegado al punto de recomendar taxis y triciclos eléctricos incluso para pacientes de hemodiálisis, una medida desesperada que evidencia la gravedad de la situación.
La reciente llegada de un petrolero ruso con 100.000 toneladas de crudo, que se transformarán en unos 250.000 barriles de diésel, solo cubrirán la demanda nacional por poco más de doce días. Según el economista Omar Everleny, las necesidades energéticas diarias de Cuba rondan los 100.000 barriles, de los cuales solo el 40% se satisface con la producción nacional. Las importaciones, aunque han experimentado un ligero aumento gracias a medidas en Cuba y Estados Unidos, son “migajas” en comparación con la magnitud del problema.
La Habana, convertida en un gigantesco laboratorio de soluciones improvisadas, refleja la profunda crisis que asola la isla. La dependencia energética, agravada por el embargo estadounidense y la obsolescencia de la infraestructura, ha transformado la movilidad urbana en una lucha diaria por la supervivencia.