Irán ejecuta a dos más en represión de protestas: el escalada de la violencia
Teherán ha intensificado su respuesta a las recientes protestas antigubernamentales con la ejecución de dos hombres más, Mohammadamin Biglari y Shahin Vahedparast, acusados de atacar una instalación militar en enero. La agencia estatal Mizan, vinculada al Poder Judicial iraní, confirmó los ahorcamientos, elevando a seis el número de ejecuciones relacionadas con las protestas.
El ataque a la instalación militar: detalles del caso
Según el expediente judicial, Biglari y Vahedparast fueron condenados por su participación en un ataque al complejo militar el 8 de enero, donde intentaron acceder a un arsenal que contenía 20 fusiles Kalashnikov y 1.800 cartuchos. El tribunal basó su veredicto en informes de inteligencia, confesiones de los acusados, grabaciones del ataque y su posterior detención en el lugar de los hechos. La cifra de munición involucrada, casi dos mil cartuchos, es particularmente relevante dada la escasez de recursos en la región.
Las autoridades iraníes insisten en que los acusados actuaron en coordinación con “enemigos” de la república, una retórica habitual en Teherán que apunta a Estados Unidos e Israel, buscando justificar la severidad de las condenas y desviar la atención de las causas subyacentes de la disidencia interna. Este argumento, recurrente en la política iraní, se desglosa como una estrategia para demonizar a la oposición y justificar la represión.

Contexto de tensión y represión: el balance humano
La ejecución de Biglari y Vahedparast se produce en un contexto de creciente tensión interna y regional. Las protestas, desencadenadas por la muerte de Mahsa Amini en septiembre de 2022, se extendieron por todo el país, desafiando el régimen islámico y exigiendo cambios profundos. La respuesta de las autoridades ha sido implacable, con una represión brutal que ha dejado un saldo de miles de muertos y detenidos.
Organizaciones de derechos humanos, como HRANA, elevan la cifra de fallecidos a más de 7.000, con otros 11.000 casos aún en verificación, mientras que estiman en 53.000 el número de detenidos. Estas cifras contrastan con el balance oficial de 3.117 muertes, lo que sugiere una subestimación significativa por parte del gobierno iraní. La ONU ha advertido sobre el alarmante aumento de ejecuciones en Irán, que alcanzaron las 1.500 en 2023, un incremento del 50% con respecto al año anterior.
La ejecución de seis personas en relación con las protestas de enero es un claro mensaje de las autoridades iraníes: la disidencia no será tolerada. Este endurecimiento de la política represiva plantea serias preocupaciones sobre el futuro de los derechos humanos en Irán y su impacto en la estabilidad regional.