Irak al borde del apagón: el gas iraní se esfuma
El calor abrasador del verano iraquí podría llegar con un precio muy alto: cortes de electricidad generalizados. La abrupta caída del suministro de gas desde Irán, agravada por una crisis interna en la producción nacional, deja al país en una situación delicada que amenaza con desestabilizar la ya frágil situación social.
El corte de suministro: un problema complejo
Según ha confirmado el portavoz del Ministerio de Electricidad, Ahmed Musa, la llegada de gas iraní se ha interrumpido por completo en el sur de Irak y se ha reducido drásticamente en la región central. La cifra es escalofriante: solo cinco millones de metros cúbicos, una fracción de lo que el país necesita. La guerra en Irán ha exacerbado una situación preexistente, pero la disminución de la producción nacional de gas, que ha caído de 1.100 millones de pies cúbicos estándar a apenas 400, es un factor clave. La caída en la producción se debe a un impacto directo de la menor producción y exportación de petróleo, que a su vez alimenta la producción de gas.
El Gobierno iraquí ha activado medidas de emergencia, priorizando el suministro de combustible alternativo, especialmente gasóleo, para mantener operativas las centrales eléctricas estratégicas. Pero hay un detalle que preocupa: la disponibilidad de combustibles es limitada y la demanda, según cálculos oficiales, se disparará con la llegada de las temperaturas extremas, que podrían superar los 50ºC en algunas zonas.

Un verano infernal a la vista
Si bien las temperaturas suaves de marzo y principios de abril han permitido gestionar la situación, la ventana de oportunidad se está cerrando rápidamente. El Ministerio de Electricidad confía en que la construcción del puerto de Jor Al Zubair, en Basora, y la finalización de las interconexiones eléctricas, para antes del verano, puedan aliviar la presión. La esperanza, sin embargo, es tenue. La cifra habla por sí sola: Irak necesita urgentemente un plan de distribución que satisfaga la demanda máxima del verano, y la incertidumbre sobre el suministro de gas iraní agrava la situación.
La dependencia energética de Irán ha sido durante mucho tiempo una vulnerabilidad para Irak. Ahora, con la región al borde de un nuevo colapso energético, la pregunta no es si habrá cortes de luz, sino cuándo y con qué intensidad. La estabilidad del país, ya de por sí precaria, pende de un hilo, y el calor del verano podría ser el detonante de una nueva crisis.