Indulto en cuba: farsa para el régimen, desidia para los prisioneros
El anunciado indulto general en cuba, que prometía la libertad a 2.010 reclusos, se ha revelado como una maniobra propagandística, dejando a los presos políticos en el ostracismo y denunciando la persistente represión en la isla. Lisandro Betancourt Escalona, un emblemático prisionero de conciencia con más de tres décadas tras las rejas, ha destapado la farsa a través de un audio, exponiendo la realidad que se esconde tras el supuesto gesto humanitario del régimen.
El indulto: una cortina de humo
Según Betancourt, la operación se ha limitado a la excarcelación de un puñado de reclusos que ya estaban próximos a la libertad condicional, o incluso a aquellos que ya la habían sobrepasado. La cifra de seis indultados en la prisión El Típico, en Las Tunas, donde se encuentra Betancourt, contrasta brutalmente con la promesa inicial y revela la verdadera intención del gobierno cubano: una operación de relaciones públicas destinada a desviar la atención de la crítica internacional.
Betancourt, de 63 años y gravemente enfermo, incluyendo amputaciones, pérdida de visión en un ojo y múltiples patologías crónicas, denuncia la indiferencia hacia los presos políticos, quienes son sistemáticamente excluidos de cualquier medida de clemencia. “Personas enfermas y con discapacidad como yo no han sido beneficiadas,” afirma en el audio, señalando una clara violación de los derechos humanos.

La realidad en las cárceles: un panorama desolador
Las denuncias de Betancourt no son aisladas. Javier Larrondo, presidente de Prisoners Defenders, ha confirmado que la excarcelación se ha circunscrito exclusivamente a presos comunes en diversas prisiones del país, como la de Toledo 2 en La Habana, El Yabú y Boniato. La organización documenta que, de los 90.000 presos en cuba (una tasa alarmante de 90 por cada 10.000 habitantes), ni un solo preso político ha sido liberado, mientras que cada mes se suman decenas de nuevos encarcelamientos por motivos políticos.
El régimen presentó el indulto como un acto “humanitario”, basado en el análisis de la conducta, el tiempo cumplido y el estado de salud de los reclusos. Sin embargo, la exclusión de “delitos contra la autoridad”, que engloba figuras como “desacato”, “atentado” y “resistencia” –cargos frecuentemente imputados a manifestantes y opositores–, demuestra que el indulto está diseñado para evitar cualquier impacto real en la situación de los presos políticos.
Ante esta intolerable situación, Lisandro Betancourt ha anunciado una huelga de hambre como forma de protesta, uniéndose a la larga lista de presos políticos que denuncian la arbitrariedad y la inhumanidad del sistema penitenciario cubano.
El caso de Lisandro Betancourt Escalona, condenado hace 36 años por “atentado” y “otros actos contra la seguridad del Estado”, es un símbolo de la represión política en cuba y pone de manifiesto la necesidad urgente de que la comunidad internacional intensifique la presión sobre el régimen para que se respeten los derechos humanos y se permita la liberación de todos los presos políticos.