Nueva york y parís: el secreto visual del nuevo 'el diablo viste a la moda'
Las icónicas calles de Nueva York y París han sido la piedra angular estética de ‘El Diablo Viste a la Moda’, una película que, lejos de ser un mero melodrama de la industria, ha redefinido la narrativa cinematográfica a través de sus locaciones.
El glamour de la capitales como protagonistas
Según AD Magazine, la inminente secuela se nutrirá aún más del impacto visual de estas ciudades, consolidando su relevancia como elementos centrales de la historia. La trama se despliega en el Lower East Side de Nueva York, mostrando la vida cotidiana de Andy Sachs antes de su ingreso en el exigente mundo de Runway/Elias-Clarke, un símbolo del poder editorial que marca el tono de la película gracias a la presencia de Miranda Priestly.
París, por su parte, aporta la Place de la Concorde y la Rue de la Bûcherie, escenarios que, lejos de ser meros fondos, se convierten en elementos narrativos esenciales, añadiendo un toque de romanticismo y reflexión al desenlace.

Un rodaje logísticamente desafiante
Pero el éxito visual no ha sido gratuito. El rodaje, extendido por 57 días principalmente en Nueva York, se enfrentó a desafíos logísticos considerables. El temor de figuras de la moda a asociarse con la producción obligó a negociaciones difíciles, resultando en la necesidad de recurrir a dobles para ciertas escenas de Miranda Priestly en París. Incluso, parte de las tomas exteriores de la capital francesa se filmaron en interiores de hoteles neoyorquinos, una maniobra audaz que demuestra la creatividad del equipo.

De la marginalidad al poder: la transformación en escena
El contraste entre el Lower East Side, el punto de partida de Andy, y el Upper East Side, donde reside Miranda Priestly, ilustra su transformación. El apartamento de Andy, austero y modesto, contrasta con las residencias elegantes de la editora, simbolizando su ascenso y la presión a la que se enfrenta. La estación de metro Spring Street y el American Museum of Natural History emergen como momentos clave en su evolución, marcando el inicio de su cambio y su asimilación al universo de Runway.
La gala en el American Museum of Natural History es, sin duda, un hito, mientras que el edificio que representa al New York Mirror juega un papel crucial en el desenlace, simbolizando un nuevo comienzo. La Place de la Concorde, en el clímax simbólico de la película, se convierte en el escenario donde Andy finalmente se libera de la influencia de Runway.
Un futuro incierto, pero visualmente atractivo
Con la secuela anunciada, la atención se centra en las nuevas ciudades y escenarios que acompañarán la próxima etapa de la saga. Aunque la dirección exacta permanece en el aire, la promesa de explorar nuevos ambientes visualmente impactantes se mantiene como un factor clave. La selección de locaciones, como ya ha demostrado, es un componente inseparable de la historia, un elemento que seguirá inspirando a futuras generaciones de diseñadores y amantes de la moda.