El último gasto que asfixia a las familias chinas: los funerales
En China, el Qingming, la festividad para honrar a los ancestros, ha revelado una cruda realidad: el coste de morir se ha disparado a niveles insostenibles para muchos hogares. Más allá de la tradición, se esconde una creciente preocupación económica que las autoridades buscan frenar con una nueva ola de regulaciones.
Un negocio funerario descontrolado
Las cifras son escalofriantes. En ciudades como Shanghái o Shenzhen, una tumba puede superar los 200.000 yuanes (casi 30.000 dólares), con derechos de uso limitados a solo 20 años y continuas tasas de mantenimiento. Un sistema que ha generado un profundo malestar social, alimentado por la falta de transparencia y precios inflados. Como señala el profesor Xie Zhiyong de la Universidad de Ciencias Políticas y Derecho de China, la urgencia es contener el “carácter financiero” de este sector, para que un “lugar de descanso digno” deje de ser un privilegio reservado para unos pocos.
La escasez de espacio y el encarecimiento del suelo han sido los principales impulsores de esta espiral de precios, pero la falta de regulación ha permitido prácticas abusivas que las nuevas normas buscan erradicar. El gobierno chino ha limitado el tamaño de las tumbas, prohibido construcciones excesivas y, lo que es más significativo, ha atacado la raíz del problema: la opacidad en la descripción de los servicios y la dificultad para comparar precios.

La solución improvisada: ¿viviendas para urnas?
Pero la presión económica ha impulsado soluciones alternativas, a veces desesperadas. En varias ciudades, ha surgido el fenómeno de las “casas de cenizas”, viviendas adquiridas no para vivir en ellas, sino para alojar urnas funerarias y realizar rituales conmemorativos. Una estrategia que, si bien permite a las familias mantener a sus seres queridos cerca, ha generado conflictos con los vecinos, preocupados por el impacto psicológico y la posible devaluación de sus propiedades.
Este uso, como advierten los expertos legales, puede vulnerar principios básicos del derecho civil, y las autoridades reconocen la dificultad para supervisar una práctica que a menudo se mantiene en la sombra. La nueva normativa funeraria, precisamente, prohíbe expresamente el uso de viviendas para almacenar cenizas, un reconocimiento implícito de que el problema ha alcanzado proporciones significativas.
Hacia un modelo más sostenible: entierros ecológicos
Ante este panorama, China apuesta por un cambio de modelo. El gobierno está impulsando activamente los llamados entierros ecológicos, que incluyen el esparcimiento en el mar, el enterramiento bajo árboles o en césped, a menudo subvencionados o gratuitos. En 2025, se registraron más de 50.000 entierros marítimos, un aumento del 170% respecto a 2020.
Sin embargo, a pesar de estos incentivos, los entierros ecológicos aún representan solo un 4% del total, lo que evidencia la persistencia de las tradiciones ancestrales en una sociedad donde el culto a los ancestros sigue siendo un pilar fundamental. La batalla por democratizar el derecho a un entierro digno continúa, y el futuro de este sector clave en China dependerá de la capacidad de las autoridades para equilibrar tradición y sostenibilidad económica, asegurando que honrar a los difuntos no se convierta en una carga insoportable para las familias.