El salvaje descontrol en las aguas: un centenar de rescates y siete vidas perdidas en semana santa

La Semana Santa en El Salvador se ha teñido de tragedia en las aguas del país. Cuerpos de socorro han contabilizado un centenar de rescates acuáticos, la mayoría derivados de una imprudencia alarmante por parte de turistas y residentes, dejando un saldo de siete fallecidos por inmersión.

La imprudencia adulta, el principal factor de riesgo

La imprudencia adulta, el principal factor de riesgo

Las cifras, que abarcan desde el 28 de marzo hasta la mañana del 4 de abril, pintan un panorama preocupante. Luis Amaya, director general de Protección Civil, ha alertado sobre la tendencia a la imprudencia, especialmente entre los adultos, quienes, según sus palabras, “pareciera que quienes deberíamos dar el ejemplo no lo estamos haciendo”. Un comentario mordaz que refleja la frustración de los equipos de rescate ante la repetición de errores.

De los 96 rescates registrados, 25 fueron considerados “simples”, mientras que 71 requirieron una intervención más profunda. Lo que resulta especialmente inquietante es que 41 de estos rescates profundos involucraron a menores de edad, evidenciando una falta de supervisión y conciencia sobre los peligros que acechan en ríos, lagos y playas.

Un despliegue masivo: Ante el fuerte oleaje y la afluencia turística, Protección Civil ha reforzado la vigilancia en 170 puntos y 30 playas, con una fuerza de más de 100 mil socorristas desplegados en todo el país. La Unidad de Guardavidas y la Dirección General de Protección Civil trabajan sin descanso para mitigar los riesgos en zonas de recreo, pero la prevención individual sigue siendo la clave.

Amaya insistió en la necesidad de acatar las recomendaciones oficiales y evitar “abusar en el mar”, advirtiendo que la prevención es la única manera de evitar más tragedias. La cifra de 132 puntos de observación en playas públicas, una medida reforzada para salvaguardar a los visitantes, habla por sí sola sobre la magnitud del esfuerzo.

El Plan Verano 2026, que incluye presencia en parques recreativos, lagos y volcanes, se ha activado con la urgencia que la situación demanda. La atención se mantiene hasta la noche del lunes, con un foco especial en los espacios de mayor concurrencia, donde la imprudencia se multiplica por la multitud. Un saldo preliminar que obliga a las instituciones a mantener la guardia alta.

La lección es clara: la seguridad en las aguas es responsabilidad de todos. Las vacaciones no son excusa para poner en riesgo vidas. La prevención, el respeto por las indicaciones oficiales y la conciencia colectiva son el único antídoto contra esta ola de imprudencia que amenaza con empañar la temporada de esparcimiento.