Perú se lanza a la ofensiva: vóley femenino, un reto ambicioso para 2026
La selección peruana de vóley, con Antonio Rizola al frente, se prepara para un calendario de alta exigencia que podría sellar su destino en el Mundial y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. La presión es máxima, pero el equipo no se conforma con la mera clasificación.

Un calendario que exige, pero que promete
La Copa Sudamericana, que arranca el próximo 22 de julio en Lima, será el primer examen. Un torneo crucial para consolidar la base y, sobre todo, para poner a prueba la estrategia de Rizola. Tras la cita limeña, el Campeonato Sudamericano clasificatorio al Mundial y a Los Ángeles, del 8 al 13 de septiembre en Brasil, se erige como el verdadero desafío. El objetivo, según el entrenador, es no solo acceder a estos torneos, sino hacerlo con la máxima ilusión de conseguir un puesto entre los cuatro primeros.
Pero la preparación no se limita a América del Sur. La Federación Peruana de Vóley ha orquestado una gira de amistosos que promete elevar el nivel del equipo. Argentina, con su selección en plena fase de consolidación, será el primer banco de pruebas. Y la idea, audaz, es enfrentarse a equipos europeos que no compiten en la Volleyball Nations League (VNL), buscando un roce internacional que les permita analizar sus fortalezas y debilidades.
Rizola apunta a los 40 El plan de juego de Rizola incluye una lista de 40 jugadoras, una apuesta por la profundidad y la competitividad. La negociación con Croacia, donde el pasado año se firmó un convenio de cooperación, está en curso, aunque el encuentro definitivo aún no está asegurado. “Estamos trabajando para que se concrete”, afirma el técnico, dejando claro que la logística y la disponibilidad de fechas serán los factores determinantes.“No nos conformaremos con clasificar”, sentencia Rizola. “Queremos competir por los puestos de honor. Si vamos a Brasil, vamos a luchar por el primer lugar. Eso sí, priorizando la clasificación, por supuesto. Pero el deseo de ganar siempre debe estar presente”. La ambición es palpable, un reflejo de la confianza que Rizola deposita en su equipo. Una temporada 2026 que, sin duda, promete emociones fuertes para el vóley peruano.