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Rodin y miguel ángel: un diálogo del cuerpo en el louvre

Una mano emergió de un bloque de mármol, con dedos que se elevaban hacia el cielo, portando diminutas figuras en un abrazo cósmico. La obra de Rodin, ‘La Mano de Dios’, se erige como el corazón de una nueva exposición en el Louvre que explora la esencia espiritual del cuerpo a través de la mirada de dos gigantes: Miguel Ángel y Rodin.

Un encuentro de visiones

La muestra, titulada ‘Miguel Ángel y Rodin: Cuerpos vivos’, ofrece una comparativa fascinante entre las esculturas de estos dos maestros, separados por cuatro siglos, pero unidos por una obsesión compartida: capturar la vida en la piedra. Más de 200 obras, incluyendo dibujos inéditos de Miguel Ángel que revelan sus estudios anatómicos y su búsqueda de la emoción en la forma, se despliegan para ilustrar esta convergencia.

La exposición, que se extiende hasta el 20 de julio, no se limita a la mera documentación histórica. Rodin, influenciado profundamente por Miguel Ángel, “descubrió su liberación del academicismo gracias a Miguel Ángel”, según confesó el artista. Su estilo, caracterizado por el ‘non finito’ - la intencionalidad de dejar la obra inacabada, para sugerir un flujo vital - se nutrió de la sensibilidad del florentino.

El ‘non finito’: una realidad en la escultura

El ‘non finito’: una realidad en la escultura

Como explicaba Francesco Caglioti, profesor de historia del arte, “La cualidad áspera y tosca de la piedra sin pulir, que revela las hendiduras del mazo y el cincel, fascinó a artistas del siglo XIX como Rodin”. Este ‘non finito’ no era un defecto, sino una estrategia para representar la realidad de la vida, la impermanencia, el proceso creativo. Miguel Ángel, con su técnica ‘per via di levare’ – la creación por sustracción – eliminaba todo lo superfluo para liberar la forma interior, un método que Rodin adoptó y transformó.

La muestra incluye reproducciones de obras maestras italianas, como ‘Aurora’ y ‘Crepúsculo’, y una réplica de su vasto fresco ‘El Juicio Final’, para contextualizar el viaje de Rodin a Italia y su encuentro con el legado de Miguel Ángel. Dos esculturas del Louvre, los ‘Esclavos rebelde’ y ‘moribundo’, - encargadas originalmente para el monumento funerario al Papa Julio II - son ejemplos clave de este estilo ‘non finito’ que, según Caglioti, capturaba la esencia del trabajo de Miguel Ángel.

Chloé Ariot, una de las curadoras de la exposición, enfatiza la admiración de Rodin por Miguel Ángel, calificándola de “gran honor” cuando los críticos de arte de la década de 1880 comenzaron a reconocerlos como un par. La exposición no solo exhibe las esculturas, sino que también revela la influencia mutua entre estos dos genios, demostrando cómo la búsqueda de la belleza y la expresión humana trascendió el tiempo y el espacio.

La exposición culmina con un busto de Rodin que representa a Miguel Ángel, un detalle sutil que subraya la profunda conexión entre ambos artistas. El Louvre, con este evento, celebra no solo la maestría técnica de Miguel Ángel y Rodin, sino también la persistente búsqueda de la humanidad a través de la forma y la materia.