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Incendio, amor y poder: la novela que reescribe la historia de buenos aires

Gabriela Cabezón Cámara, galardonada con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, incendia las páginas de ‘Romance de la negra rubia’ con una narrativa visceral y sorprendente, donde el sacrificio, el amor y la política se entrelazan en un relato que desafía las convenciones literarias.

Un acto extremo, un mito fundacional

Un acto extremo, un mito fundacional

La historia se centra en Gaby, una poeta y activista que, en un acto de rebeldía, se consume en llamas ante las cámaras de televisión, desencadenando una serie de eventos que la catapultan a una figura casi mítica. Un comienzo impactante que, sin embargo, es solo el preludio de una trama que se complica y se vuelve cada vez más audaz.

Las imágenes de la televisión, los policías violentos y la posterior transformación de Gaby –de quema y coma a referente sociopolítico– son tan intensas que, como dice el texto, “parecen reales y un poco asustan”. La autora, con su habitual ironía mordaz, nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del mito y la facilidad con la que la historia puede construir héroes y santas a partir de actos aparentemente desesperados.

“A mí me compró una suiza, y le estoy agradecida; se llevó la instalación a su palacio (…) y ahí estuve varios meses, me enseñó a hablar en alemán (…) y me dejó mucha plata. Mi chica rubia y su lago, el tiempo de nuestro amor que me dijo en alemán, el palacio con su brillo. Ahí está mi paraíso, ahí mi propia era dorada, en la orilla del Lemán y hace quince años atrás.” Un giro inesperado que juega con la fantasía y la realidad, elevando la novela a una pieza de arte conceptual.

‘Romance de la negra rubia’ explora el nacimiento de un mito en una comunidad de desclasados en Buenos Aires, un contexto social que la autora describe con precisión y una mirada crítica. La novela, de tan solo 77 páginas, se centra en la creación de un símbolo, una figura que representa la esperanza y la resistencia frente a la adversidad. Un relato sencillo, sí, pero con un impacto emocional profundo y una complejidad narrativa que desafía la linealidad.

La descripción del amor de Gaby por Elena, una coleccionista suiza, es particularmente provocativa. Un amor “del urgente, del erótico, del salvaje” que se desencadena en un palacio de Lemán, donde la artista quemada se convierte en la protagonista de su propia vida. “La vi entrar y me pasó lo que a tanto negro: me gustó por alta, por rubia, por musculosa, por llevar ropa de lino con la elegancia con la que Aquiles llevaría la bandera griega cabalgando una yegua negra acerada a la orilla del mar azul profundo de Troya, quiero decir que me gustó y se me armó de atardecer en el mar con poema rosa y con música de fondo.”

Cabezón Cámara, autora también de ‘Las niñas del naranjel’, nos ofrece una novela que no se toma en serio a sí misma, una historia que juega con los clichés del melodrama y el cine de serie B, pero que, al mismo tiempo, desafía nuestras ideas preconcebidas sobre el heroísmo y la santidad. Un disparate divino, como rezuma la propia autora. Un romance de la negra rubia que, más allá de su apariencia provocadora, es una reflexión sobre la identidad, el poder y la posibilidad de reinventarse a uno mismo.

Un final que deja al lector con la sensación de que ha presenciado un evento inexplicable, una anomalía que desafía la lógica y la razón. La historia de una mujer que se quema viva para convertirse en la salvadora de su comunidad, una historia que, en definitiva, nos recuerda que la vida, a veces, es mucho más extraña de lo que imaginamos.