El biopic de michael jackson desata una polémica explosiva: ¿homenaje o borrado de la memoria?
El estreno de Michael, el biopic sobre el rey del pop, no ha traído la paz que prometía. Al contrario, ha reavivado las acusaciones de encubrimiento y distorsión de la verdad, con el director de Leaving Neverland, Dan Reed, al frente de una crítica contundente que pone en tela de juicio la integridad del proyecto.
Un documental que rompió el silencio, una película que lo ignora
Mientras Michael acumula más de 219 millones de dólares en su primer fin de semana, Reed denuncia que la película, dirigida por Antoine Fuqua y respaldada por la familia Jackson, obvia deliberadamente las graves acusaciones de abuso sexual infantil que salieron a la luz a finales de los 90 y principios de los 2000. La película, según Reed, presenta una narrativa simplista, donde Jackson es retratado como un niño incomprendido y un benefactor, mientras que las voces de sus acusadores, Wade Robson y James Safechuck, son silenciadas, casi insinuando una falsedad en sus testimonios.
Leaving Neverland, el documental de Reed, presentó en detalle las narrativas de Robson y Safechuck, quienes relataron experiencias traumáticas de abuso emocional y físico, incluyendo la manipulación, el aislamiento familiar y la entrega de regalos costosos. La recepción en el Festival de Sundance en 2019 fue demoledora, con Reed describiendo una atmósfera de profunda conmoción y validación para las víctimas.
El propio Reed se muestra escéptico ante la interpretación de Jaafar Jackson, sobrino del artista, en el papel de Michael adulto. “La primera parte, la de niño, me resultó creíble. Pero en cuanto aparece el Jackson adulto, su actuación se vuelve rígida, casi artificial. Es una figura de cera que canta, pero carece de la esencia, de la complejidad que definía a Michael Jackson.”

Una omisión deliberada: ¿reescribiendo la historia?
La crítica de Reed va más allá de la simple actuación. Acusa a la película de una distorsión sistemática de la realidad, presentando a Jackson como un “ángel que quería ser bueno con los niños”, obviando por completo la posibilidad de abuso. “Es una inversión total de la verdad: blanco es negro, negro es blanco”, afirma Reed, quien considera que la película pretende ser una “contranarrativa” de Leaving Neverland, pero fracasa estrepitosamente.
El director británico subraya que Jackson pagó sumas millonarias a otros acusadores, como Jordan Chandler y Jason Francia, pero no pudo silenciar a Robson y Safechuck, cuyas testimonios resultaron mucho más impactantes. Reed insiste en que la mera convivencia de Jackson con jóvenes, llevándolos a su habitación por la noche y cerrando la puerta, sería suficiente para condenarlo en un juicio por abuso sexual infantil.
Mientras que la familia Jackson defiende una narrativa donde la infancia difícil de Michael justifica sus acciones, Reed argumenta que esta explicación carece de lógica y no ofrece una justificación válida para las acusaciones. “Nunca han recibido un centavo”, recalca Reed en referencia a Robson y Safechuck, quienes nunca buscaron acuerdos económicos para callar sus testimonios.
La sombra de un juicio se cierne sobre el caso, con Reed anticipando una posible fecha para el próximo año. Si se materializa, promete ser un torbellino de pruebas y testimonios que podrían desenterrar aún más verdades incómodas. El mito de Michael Jackson, esa figura icónica de la Cultura estadounidense, se ve ahora amenazado por la posibilidad de que la realidad, por dolorosa que sea, finalmente prevalezca. La línea que separa la leyenda del hombre, la admiración del abuso, se ha vuelto peligrosamente difusa.