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Dwayne johnson no logró el golpe crítico con 'the smashing machine'

La ambiciosa biopic de Mark Kerr, 'The Smashing Machine', ha aterrizado en HBO Max tras un recorrido irregular que dista mucho del éxito inicial que se le presagiaba. Lo que prometía ser un contendiente a los premios de la Academia, con Dwayne Johnson como carta de presentación, se ha diluido en una recepción tibia, dejando tras de sí una reflexión sobre las expectativas y la complejidad de conectar con el público.

Un ascenso meteórico, una caída devastadora

Un ascenso meteórico, una caída devastadora

La película, dirigida por Benny Safdie (hermano de Josh Safdie, conocidos por 'Good Time' y 'Uncut Gems'), narra la historia de Mark Kerr, un pionero de las Artes Marciales Mixtas que, en los años noventa, contribuyó a sentar las bases de la UFC. Más allá de su meteórico ascenso, la cinta se sumerge en el abismo de su adicción a los opiáceos, una consecuencia directa de las secuelas físicas de una carrera implacable, y en la turbulenta relación con su pareja, Dawn Staples, interpretada por una Emily Blunt que, según sus propias declaraciones, encontró en el papel una vía de expresión liberadora. La película, inspirada en gran medida en el documental homónimo y contando con un cameo final del propio Kerr, busca retratar la fragilidad humana detrás de la imagen del luchador implacable.

El Festival de Venecia otorgó a Safdie el León de Plata a la mejor dirección, un reconocimiento que elevó las expectativas hasta niveles estratosféricos. Sin embargo, el impulso se frenó abruptamente. Johnson, considerado un firme candidato a premios, quedó excluido de las nominaciones, y la película solo obtuvo un Oscar a Mejor maquillaje y peluquería, un logro técnico que, si bien admirable, no compensa la falta de resonancia general.

Si bien los Globos de Oro concedieron nominaciones tanto a Johnson como a Blunt, ninguno de los dos pudo hacerse con el premio. La llegada a HBO Max representa, por tanto, una segunda oportunidad para que 'The Smashing Machine' encuentre su público, una audiencia que quizás, con más tiempo y una plataforma de streaming, aprecie la particular sensibilidad de la propuesta y la valiosa contribución de Kerr al universo de la lucha profesional, un legado del que España y, en particular, Ilia Topuria, son herederos directos.

La cifra que habla por sí sola: el descenso en la valoración de la película, desde el aplauso en Venecia hasta la ausencia en los premios más prestigiosos, refleja la dificultad de traducir una historia de redención y superación personal en un éxito comercial masivo. Un recordatorio, quizás, de que el cine, como la vida, no siempre sigue el guion que uno espera.