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Duchamp y el urinario: un gesto que sigue provocando 115 años después

En un gesto que desafió los cimientos del arte moderno, Marcel Duchamp presentó un urinario firmado como 'R. Mutt' en la Exposición de Artistas Independientes de 1917. Un acto que, a pesar de su breve aparición, ha resonado a lo largo de un siglo, y que ahora el Museo de arte Moderno (MoMA) explora en una retrospectiva monumental.

El palacio desaparecido y la semilla de la revolución

La historia comienza en el Grand Central Palace, un coloso neoclásico, testigo de ferias comerciales y exposiciones extravagantes – desde automóviles hasta perros de raza – que hoy solo existe en postales antiguas. Allí, en abril de 1917, Duchamp, entonces un artista en ascenso, desafió las convenciones al instalar su obra, “Fuente”, junto a otros 2.400 trabajos de 1.300 creadores. Su objetivo: cuestionar la definición misma de arte, una provocación que culminaría en una controversia memorable.

Lo que pocos supieron en aquel momento es que Duchamp había concebido la instalación de la exposición con una lógica inusual: alfabética. Los artistas eran agrupados según la inicial de sus nombres, una decisión que, según el crítico Robert Henri, transformó la exposición en un “revoltijo desastroso”. Henri, decano de la Ashcan School de Nueva York, retiró su propia obra en señal de protesta, lamentando la ausencia de orden y relación entre las piezas.

Pero la verdadera bomba estaba en “Fuente”. Un objeto corriente, un urinario comprado en una tienda de fontanería, elevado a la categoría de obra de arte. Un gesto que, al principio, pasó casi desapercibido, pero que con el tiempo se convertiría en un hito de la vanguardia.

¿Anti-arte o homenaje a la tradición?

¿Anti-arte o homenaje a la tradición?

Hoy, 115 años después de la inauguración del Grand Central Palace, la retrospectiva de Duchamp en el MoMA nos invita a reconsiderar este legado. Matthew Affron, uno de los curadores de la exposición, describe la obra de Duchamp como “complicada, interesante, fascinante y difícil”, una descripción que refleja la complejidad del artista y su impacto en el arte contemporáneo.

La exposición, que incluye más de 300 objetos, desde pinturas hasta ready-mades, revela una faceta del artista que va más allá de la provocación. Una investigación reciente sugiere que “Fuente” no era una simple burla al arte occidental, sino un homenaje a la tradición, una invitación a reflexionar sobre qué es lo que convierte a un objeto en arte.

De hecho, en noviembre de 1916, antes de adquirir el urinario, Duchamp había visitado el Grand Central Palace, donde se exhibía un baño modelo con lo último en grifería de porcelana. Es posible que esa experiencia haya influido en su decisión de elegir un accesorio de baño como objeto artístico.

Duchamp, con su peculiar orden alfabético y su urinario firmado con un seudónimo, nos legó una perspectiva radical sobre la naturaleza del arte. No como un objeto de belleza o grandeza, sino como un catalizador de ideas y conversaciones. Como señaló el filósofo Alva Noë, el arte, según Duchamp, nos invita a “observar con más atención, observar durante más tiempo, hacer preguntas, interrogar, intentar sacar algo de él”.

La exposición del MoMA, y la historia del Grand Central Palace que la acompaña, nos recuerdan que el arte no es un sustantivo que define ciertos objetos, sino un verbo: artizar. Un acto de transformación que puede convertir un urinario en un icono, y un plato de coles de Bruselas en una obra de arte.

La retrospectiva, que viajará al Museo de Arte de Filadelfia tras su paso por Nueva York, es una oportunidad única para sumergirse en el universo de un artista que, a pesar del rechazo inicial, logró cambiar para siempre la forma en que entendemos el arte.