cultura

Amigorena, entre el cine, el libro y la nostalgia de buenos aires

Santiago Amigorena desgreña su agenda en Buenos Aires, un torbellino de estrenos, presentaciones y encuentros que lo sitúan en el epicentro de su vida entre Francia y su tierra natal. Un regreso que, como él mismo admite, despierta emociones complejas, una mezcla de añoranza y cierta distancia con el pasado.

El estreno y la mirada francesa

El punto álgido de su visita es, sin duda, la proyección de Los colores del tiempo en el Festival de Cine Francés. La película, coescrita junto a Cédric Klapisch, promete un viaje a través del tiempo y la familia, explorando la herencia, la memoria y la magia de la imagen. Amigorena describe la obra como un “placer de ver en lo humano algo que al mismo tiempo es divertido y es sentimental”, una propuesta “feelgood” con el sello inconfundible del director francés.

Pero la película no es solo una historia familiar; también se adentra en la historia del arte, desde el impresionismo de Monet hasta el nacimiento de la fotografía. Un ejercicio de memoria y reconstrucción genealógica que, según el propio escritor, surge de una manera orgánica, como resultado de reflexiones y paseos por Normandía.

Un libro que nace de la soledad

Un libro que nace de la soledad

Paralelamente al estreno, Amigorena presentó Hay un solo amor, un librito íntimo que nació de una experiencia singular: pasar una noche solo en el Museo Picasso de París. “Dormí ahí, empecé a escribir”, relata. La idea, impulsada por una editora francesa, se convirtió en una exploración del amor, el miedo y la introspección, plasmada en un monólogo personal. Un proyecto que, de manera sorprendente, surgió de un encierro voluntario y desafiante.

Más allá de la pintura, el amor y la distancia

Más allá de la pintura, el amor y la distancia

La relación de Amigorena con el arte siempre ha sido profunda, pero no excluyente. “Estudié Historia del arte, debe ser por eso”, confiesa. Si bien se inclina por la obra de Giacometti, su fascinación por la pintura del Renacimiento es innegable. Las referencias a los cuadros y los museos son constantes en sus libros y, ahora, en su cine. Pero, ¿qué lo impulsó a escribir este libro específico? “Esa noche fue… Primero me intrigaba y me dieron ganas de ver qué pasaba cuando cierran todas las puertas de un museo y uno se queda solo”. Una experiencia que, lejos de ser un mero ejercicio de escritura, se transformó en una profunda reflexión sobre la soledad y el amor.

Un regreso a orillas firmes

A pesar de sus largas temporadas en Francia, Amigorena insiste en que “Digo, esta es mi tierra, sobre todo cuando no estoy en Buenos Aires”. El escritor reconoce que, al estar en su ciudad natal, se da cuenta de que ha perdido “cosas que se me escaparon con el tiempo”. Pero, al regresar, se encuentra con la familiar calidez de la familia y los amigos, un reencuentro que, sin duda, lo ancla a sus raíces. Y es que, como él mismo afirma, “cuando estoy acá, obviamente me doy cuenta de que no lo soy tanto, que hay cosas que se me escaparon con el tiempo”.

Un regreso que, más allá de la promoción de sus obras, es una reafirmación de su identidad, un recordatorio de que, a veces, la mayor inspiración se encuentra en el lugar de origen.