Albares, evasivo sobre la reunión con machado: 'no hay inconvenientes', pero no lo solicita

Madrid, 8 de abril – El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel albares, ha ofrecido una respuesta diluida a la creciente presión sobre la postura de España con respecto a María Corina Machado, la líder opositora venezolana que visitará el país el próximo 18 de abril. En una entrevista en RNE, albares se ha mostrado sorprendentemente evasivo, negando que haya recibido una solicitud formal de reunión con la dirigente, aunque admite haber mantenido varios encuentros con ella, incluso destacando su reciente premio Nobel de la Paz 2025 – un reconocimiento que, por cierto, el gobierno español aún no se ha pronunciado oficialmente sobre si lo celebrará.

Un juego de palabras que alimenta la controversia

Un juego de palabras que alimenta la controversia

La respuesta del ministro, cargada de una cautela palpable, ha generado una ola de críticas, especialmente por parte del Partido Popular, que acusa al gobierno de “no tener a su candidato en Caracas”. albares, con una frialdad casi quirúrgica, ha insistido en que el Gobierno español “lo que quiere es que el pueblo venezolano ‘de manera libre, pacífica y genuinamente venezolana’ decida quién es su presidente”, una frase que suena, en el mejor de los casos, desconectada de la realidad política del país. La insistencia en la ‘autonomía’ del pueblo venezolano para elegir a sus gobernantes se contrapone frontalmente a la postura del PP, que aboga por una intervención más activa en el proceso democrático.

“No tenemos a nuestro candidato en Caracas”, ha reiterado albares, desmarcando claramente la posición del ejecutivo. Una declaración que, lejos de cerrar el debate, lo ha abierto aún más, evidenciando la profunda división en la política española sobre la crisis venezolana. La estrategia del gobierno, según fuentes cercanas a la cartera de Exteriores, busca mantener una postura de neutralidad, evitando cualquier gesto que pueda interpretarse como un respaldo a Machado o, al revés, como una condena a las fuerzas opositoras.

Albares ha subrayado que “no hay ningún inconveniente en recibirla a cualquier nivel”, pero ha matizado que “no es dueño” de la agenda del jefe del Ejecutivo, una frase que, en el contexto actual, suena más a una excusa que a una justificación. La diplomacia, en este caso, parece ser el arte de la omisión. El premio Nobel de la Paz 2025, si es que se concede, podría convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para el gobierno español, obligándolo a tomar partido en una coyuntura política tan compleja y volátil.