Afganistán: inundaciones devastan 18 provincias, cifra de muertos supera los 60

Las lluvias torrenciales que azotan Afganistán desde hace una semana han desatado una catástrofe humanitaria de proporciones alarmantes. Al menos 61 personas han perdido la vida, mientras que la cifra de heridos se eleva a 116, y cuatro permanecen desaparecidas, según confirmaron este sábado las autoridades talibán. Un panorama desolador que se extiende por 18 provincias, incluyendo Kabul, Panjshir y Paktika, donde miles se enfrentan a la pérdida de sus hogares y medios de subsistencia.

La tragedia se agudiza en un contexto de vulnerabilidad preexistente

La tragedia se agudiza en un contexto de vulnerabilidad preexistente

La cifra de fallecidos, que podría ascender aún más, se suma a una crisis humanitaria ya de por sí crítica. Naciones Unidas estima que 22 millones de afganos, la mayoría mujeres y niños, necesitan asistencia urgente, y más de 17 millones padecen inseguridad alimentaria aguda. Las inundaciones han exacerbado esta situación, destruyendo cosechas y dejando a comunidades enteras sin acceso a alimentos básicos. La cifra habla por sí sola: casi 2.500 viviendas han sido destruidas o dañadas severamente, y 11.000 hectáreas de tierras de cultivo, vitales para la economía local, han quedado sumergidas.

El viceministro de Información y portavoz de los talibán, Zabiulá Muyahid, informó en redes sociales sobre la magnitud del desastre, aunque la dificultad para acceder a las zonas afectadas complica las labores de rescate y evaluación de daños. Pero hay un detalle que agrava aún más la situación: la proximidad de la frontera con Pakistán, donde también se registran graves inundaciones. Solo en las últimas 24 horas, Pakistán ha contabilizado 15 fallecidos en las provincias de Baluchistán y Karachi, lo que sugiere una dinámica climática inestable que afecta a toda la región.

La respuesta internacional se presenta lenta y desigual. Si bien algunas organizaciones humanitarias han comenzado a movilizar recursos, la complejidad logística y la inestabilidad política del país dificultan el acceso a las áreas más afectadas. La emergencia en Afganistán no es un evento aislado, sino el reflejo de una vulnerabilidad estructural que requiere una atención urgente y sostenida. La reconstrucción de las viviendas, la recuperación de las tierras de cultivo y la asistencia a la población más vulnerable son desafíos colosales que demandan una respuesta coordinada y efectiva, antes de que la desesperación se convierta en una tragedia aún mayor.