Aceitunas del siglo i a.c. revelan secretos de la olivicultura ibérica

Investigadores de la Universidad de Jaén han desenterrado evidencia sorprendente: huesos de aceitunas cultivadas en la provincia hace más de 1900 años. Un hallazgo que reescribe la historia de la introducción del olivo en el Alto Guadalquivir.

Un viaje en el tiempo a través de la tierra

Las primeras evidencias, encontradas en yacimientos como El Cerro de la Atalaya y el Cerro de los Vientos, datan del siglo I a.C., una época crucial en la romanización de la península. La investigación, financiada por la Fundación BBVA, ha utilizado técnicas de datación radiocarbónica para precisar la antigüedad de estos restos, ofreciendo una ventana invaluable al pasado.

El estudio, liderado por la Dra. Eva María Montes Moya, revela que la expansión del olivo en la región estuvo intrínsecamente ligada al proceso de romanización, un avance gradual que se produjo a medida que se consolidaba el control y la organización del territorio.

Análisis isotópicos: pistas de un clima y una gestión

Análisis isotópicos: pistas de un clima y una gestión

A través del análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno, los investigadores han logrado reconstruir las condiciones ambientales que prevalecieron durante la época de cultivo. Estos datos, obtenidos de plantas de crecimiento retardado, permiten distinguir entre periodos de mayor o menor disponibilidad hídrica, revelando un panorama complejo de la agricultura de la época.

Los resultados sugieren episodios puntuales de mayor disponibilidad de agua, coincidentes con las épocas Altoimperial, Emiral y Califal, lo que indica una adaptación a las fluctuaciones climáticas y estrategias de gestión agraria sofisticadas. Un uso recurrente de abonado orgánico desde el siglo I a.C. evidenciaba un compromiso con la productividad de los olivares, base fundamental del sistema agrario regional.

Las I Jornadas de Arqueología de la Olivicultura, que cerraron este proyecto, han puesto de manifiesto la importancia de la arqueobotánica para comprender la evolución de la agricultura en el Alto Guadalquivir. La investigación, que se centra en la identificación de los centros de producción de aceitunas en esos momentos, sigue abierta a nuevas indagaciones.

“Esto ha permitido reconstruir las condiciones ambientales en las que fueron cultivados los olivos en la antigüedad a lo largo de una secuencia cronolológica de más de 1000 años”, sostiene la profesora Montes. La evidencia apunta a un clima de secano predominante, pero con variaciones significativas que reflejan la influencia de factores climáticos y la gestión de los recursos hídricos.

En definitiva, los hallazgos confirman que los olivares de Jaén, desde el siglo I a.C., se cultivaban en condiciones de escasez de agua, pero con estrategias de adaptación que permitieron mantener la productividad. La aplicación de fertilizantes orgánicos, identificados en diferentes asentamientos del Alto Guadalquivir, representa una prueba tangible de esta laboriosa tradición agrícola.”n