22 Años de diferencia y divorcio: la ciencia revela el secreto de las parejas desequilibradas

El matrimonio de Maxi Iglesias y Aitana Sánchez-Gijón ha encendido un debate que, sorprendentemente, no es nuevo: la edad en las relaciones amorosas. La diferencia de 22 años entre la pareja ha reavivado una discusión que, según estudios científicos, podría predecir el desenlace de una relación.

La ciencia contra el amor ‘sin edad’

La ciencia contra el amor ‘sin edad’

Las teorías románticas que proclaman que ‘el amor no tiene edad’ chocarían frontalmente con la evidencia empírica. Un estudio de la Universidad de Emory, publicado en 2014, demostró un vínculo significativo entre las grandes diferencias de edad y el aumento del riesgo de divorcio. Los investigadores identificaron que la combinación de una mayor diferencia de edad, una disparidad educativa y la importancia de la apariencia física en la decisión de casarse, eran factores predictivos de un matrimonio con menor longevidad.

Pero, ¿por qué ocurre esto? La investigación de Wang-Sheng Lee y Terra McKinnish en 2017 reveló un patrón intrigante: mientras que hombres y mujeres tienden a buscar parejas más jóvenes, la satisfacción marital suele ser mayor cuando la diferencia de edad es menor. Los hombres, en particular, experimentaban un pico de felicidad al casarse con mujeres más jóvenes, aunque esta euforia tendía a desvanecerse entre el sexto y el décimo año de matrimonio.

Los costes de la boda, según el estudio, también influían significativamente. Las celebraciones ostentosas, lejos de garantizar la estabilidad, se asociaban con un mayor estrés económico y, por ende, con un incremento en las posibilidades de divorcio. En contraste, matrimonios con menos gastos y más invitados parecían mostrar una mayor resiliencia ante los desafíos.

La investigación de Emory concluyó que cada año adicional de diferencia de edad aumentaba el riesgo de divorcio en un 3,4%. Si bien no establecieron un rango etario ideal, sugirieron que un margen de 5 años o menos podría ser óptimo para asegurar la estabilidad de la pareja. Sin embargo, insistieron en que otros factores, como la compatibilidad y la economía, jugaban un papel crucial.

Más allá de las estadísticas, la historia de Iglesias y Sánchez-Gijón nos recuerda que el amor, como un buen vino, necesita tiempo para madurar. Y, a veces, la botella tiene una etiqueta que indica su edad.